Suerte que no tengo pasaporte europeo

Barcelona, España.

Cuando cuento que estoy viajando hace dos años y que vivo en Europa hace uno, muchos me preguntan cómo hago y piensan que tengo pasaporte europeo. Se que tenerlo hubiera “facilitado” algunas cosas, pero también hubiera cambiado el rumbo de mis viajes y nada hubiera sido lo mismo.

Breve resumen de mis últimos años viajando:

Trabajé durante casi un año en Australia con una visa Working Holiday. Luego me fui a México a “probar suerte” como dicen. Estuve tres meses trabajando a cambio de alojamiento y comida. Mi corazón me llevó a Italia, donde viví durante 3 meses intentando resolver mi situación migratoria para dejar de ser turista y poder trabajar. No solo vi que no era fácil, sino que tampoco estaba segura si quería quedarme en ese lugar. Opté por aplicar a una Working Holiday para Alemania porque era una de las más fáciles y donde podía ahorrar bastante dinero, lo cual era mi objetivo en ese momento. Conseguí turno en la embajada alemana de Londres y me terminé quedando un mes y medio en esa ciudad trabajando en un hostel a cambio de alojamiento. Una vez que obtuve la visa me fui a vivir a Berlín donde trabajé durante 6 meses y decidí volver a Argentina para aplicar a mi tercera Working Holiday: Portugal. El trámite fue simple pero la espera larga, así que durante ese tiempo me fui a Río de Janeiro donde viví y trabajé en un hostel durante un mes. Tuve la suerte de vivir el carnaval carioca gastando poco y nada, comparado con lo que un turista promedio gastaría. Después de unos meses de espera, finalmente me dieron la visa de Portugal. Hoy estoy en Lisboa, instalándome de a poco. 

Si hubiera tenido pasaporte europeo…

Cuando tenía 22 años me fui a Madrid a estudiar durante un semestre. Volví a a Argentina y no dejaba de pensar en volver a España y quedarme a vivir ahí. Emigrar a España de manera legal y sin pasaporte europeo me parecía demasiado complicado. En una vida paralela, la Eve con pasaporte europeo habría terminado la universidad en Argentina, habría viajado a Madrid y estaría en este momento instalada en alguna ciudad, con un trabajo full, time haciendo carrera, viajando durante las vacaciones. Pero mi realidad no fue esa, no tuve esa “suerte”. Y gracias a esa no-suerte, y a no querer quedarme en Argentina, tuve que optar por viajar durante más de dos años aplicando a diferentes visas para poder trabajar en ciertos países. Nunca planee vivir viajando. Simplemente se fue dando por no tener la posibilidad de quedarme a vivir legalmente en los países donde yo quería.

Lo que aprendí

Hoy miro para atrás y ya no pienso en que me encantaría tener la facilidad que tienen otros argentinos que cuentan con pasaporte europeo. Tuve muchas entrevistas de trabajo donde no me aceptaban mi visa porque sólo tomaban a residentes europeos. Incluso teniendo visa las cosas no fueron fáciles. No todo fue color de rosa, mi último año viajando fue difícil. Me sentí muy perdida, sin saber a dónde ir. Me costó conseguir trabajo. Me sentí sola muchísimas veces. Cada vez que llegaba a una ciudad era empezar todo de nuevo: buscar trabajo, buscar habitación, hacer amigos, hacer los trámites necesarios para trabajar, y con la dificultad que implica enfrentarse a la burocracia de un país donde no hablas el idioma. Pero ya no pienso en las complicaciones que puedo tener. Me enfoco en las oportunidades que tengo, y en todo lo que aprendí viajando. Todo esto me hizo más fuerte, adquirí más experiencia, aprendí a hablar otros idiomas, me siento cada vez más segura de lo que soy capaz.

En estos años viajando conocí a gente maravillosa, muchos de los cuales hoy son grandes amigos. Hoy los tengo repartidos por todo el mundo. Cada tanto me reencuentro con alguno de ellos y se que tengo las puertas abiertas para visitarlos cuando quiera. Cada persona que conocí me enseñó algo y en cada lugar que viví aprendí algo. Aprendí a disfrutar de la compañía de desconocidos, pero también a disfrutar de los momentos conmigo misma. Aprendí a confiar en la gente, que en el mundo hay más personas buenas de lo que podemos imaginar. Aprendí a mirar el vaso medio lleno. Aprendí a luchar por lo que quiero y nunca bajar los brazos, pero también a ser paciente y entender que todo llega en su debido momento. Aprendí que lo que sucede conviene, y lo que no sucede, también. No puedo saber qué me depara el destino, si me voy a quedar en Portugal por mucho tiempo, pero estoy convencida de que estoy donde tengo que estar y que todo en la vida se da por alguna razón.

No tengo la suerte de tener un pasaporte europeo pero mi pasaporte argentino está lleno de sellos y detrás de cada uno tengo mil historias y me esperan muchas más.

rio
En Pedra da Gávea - Río de Janeiro, más viva que nunca!

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